A un metro de distancia

Como arquitecto y ex director de planeamiento urbano, no podría dar una opinión concreta sobre algún espacio público de Santiago. Sobre todo porque no soy arquitecto. Entonces me voy a remitir a hablar como un simple ciudadano que transita diariamente por estas bulliciosas calles.
Para empezar vengo de una ciudad cuatro veces más chica, por lo tanto, cuatro veces menos caótica. En Montevideo los ómnibus andan muy tranquilos por la calle y a veces cuando tienen ganas paran y uno se sube y le calcula (y no le fallan los cálculos) unos treinta y cinco a cuarenta minutos a un trayecto que aquí hace en cinco.
El medio de transporte por excelencia en limpieza, comodidad y eficacia es a mi entender el metro. Quienes sabemos lo que es no vivir con un metro en la ciudad apreciamos la característica de una ciudad avanzada, moderna y rápida como lo es esta capital. Claro que hay salvedades. Se puede tornar una tarea difícil tomar el metro entre las 7:30 y 8:30 am un día de semana en donde y cuando uno cree que no entra más gente en el vagón, sí entra.
Es por eso que me tengo que levantar más temprano, para no ir tan apretado, pero por lo demás diría que es un buen servicio. Cuando llegué a esta ciudad me advirtieron sobre “el peligro de las micros”, los robos que allí se producen, la violencia con la que conducen los micreros y las pocas ganas que tienen de llevar gente. Aunque eso se torna una idea muy ambigua, ya que según tengo entendido ganan por boleto vendido y no un sueldo fijo. No tardé en darme cuenta sobre las advertencias, cuando leí que un chico se cayó de la puerta y fue atropellado por la rueda de atrás. Es difícil entenderlo pero no menos difícil solucionarlo.
Para esto está en desarrollo el “TranSantiago” lo que va a poner fin, ojalá, a la mayoría de estos problemas. Es complicado esperar cinco o siete años para que los proyectos terminen, pero cuando uno sufre por un cambio, ha de pensar con la mente en el futuro, saber que después, tanto esfuerzo dará frutos. Ciertamente atravesamos los ciudadanos de Santiago un período de complicaciones retrasos y tarifas fuera de lo normal, pero es por una buena causa.
Volviendo a lo que nos concierne, podemos también hacer pequeñas exigencias, porque el pasajero habitual es el que paga estas tarifas y se afecta con estos retrasos. Por ejemplo sería bueno el exigir una mayor frecuencia en los horarios de mayor flujo de personas, o establecer normas de seguridad para no terminar como el escolar antes mencionado.
No todo se soluciona con quejas, claro que no, pero sí se puede buscar un punto medio, en donde el gobierno y el ciudadano sean uno, y no dos que luchan por causas diferentes. Realmente me agobia ver todos los días en Publimetro las críticas de algún lector desahuciado, que no soporta más la vida de metro, pero ¿se puso a pensar esa persona cuanto más sencillo es tener este medio para ir a trabajar? ¿O estudiar? No hay más remedio que dar un sacudón de neuronas a los inconformistas, y si no les basta, les puedo sugerir caminar, que es buen ejercicio, para que bajen de una vez por todas la grasa que les obstruye la sinapsis en la materia gris.

