lunes, abril 04, 2005

¡Yo llegué primero!


Nunca fui un tipo competitivo. De niño los juegos generalmente me ofuscaban porque siempre tenían como base la competencia, ergo hay uno que gana y otro que pierde. Así, si jugábamos al fútbol, la cosa terminaba en un 5 a 3 o si era a 10, cerrábamos 10 a 6, etc. Esto siempre y cuando no empatáramos a 9, en cuyo caso era “a morir a 11”, y siempre moría. La ventaja que siempre me llevaron era bastante evidente, era un flaco, petiso, que no tenía muchas destrezas deportivas y además, siempre era el más chico. Los juegos de mesa también me suponían ciertos problemas, uno de mis tantos sufrimientos fue con la batalla naval, ¿por qué siempre encontraban y hundían mis barcos antes que yo los de ellos?

Obviamente todas estas cosas fueron alimentando mi rechazo hacia cualquier actividad que demandara luchar con cualquier rival por ser mejor. Tarde o temprano la paciencia y la esperanza se pierden amigo mío. Pero hoy en día tengo la obligación de competir. De ser el mejor de mi clase para tener más nota y que los profesores me quieran más. De ser el mejor de la carrera para tener más promedio y que los empresarios me quieran más. De ser el mejor en una empresa para que el Presidente me quiera más. Y entre más y más compito, y más y más gano, más pierdo, porque detrás de mí dejo cabezas tiradas por las acciones de mis guillotinazos.

En estos últimos días se ha vivido una tensión impresionante como hacía tiempo no ocurría. Una tensión de paz, de esperanza, de emociones encontradas. El proceso hacia la muerte del Papa Juan Pablo II fue seguido por millones de espectadores a nivel mundial, entre ellos yo. Estábamos expectantes de ver qué pasaba ese viernes 1º de abril donde su salud había empeorado, y a cada instante los periodistas repetían que ahora estaba lúcido, y ahora le diagnosticaron infección urinaria, y ahora esto, y ahora aquello, ¿y ahora?

Horas antes de su fallecimiento (el sábado 3 a las 15:47 hora Chilena) la CNN en español, la agencia EFE y la cadena ABC ya lo habían anunciado. Creo que los Sres. CNN, EFE y ABC no se daban cuenta de que en ese momento, todos sabían que iba a morir, pero que nadie quería escucharlo de sus bocas. Por ser los primeros en tener “la noticia” jugaron con las emociones del mundo entero vaticinando lo que era obvio que iba a pasar, pero como si fuera una certeza y (poniendo intereses económicos de por medio) confundiendo al mundo entero.

Particularmente detuve mis actividades tanto viernes como sábado, como un hincha pendiente de un partido trasmitido en diferido. Sabía cual era el final, sabía también cómo sería, pero hasta que no llegó, no lo quise reconocer. Sin embargo vi en ese partido cosas que no me esperaba, jugadas insolentes de estos Sres. que disgustaron a mucha gente más. Por suerte (o gracias a Dios), el periodismo chileno no paraba de repetir que eran datos extra oficiales, y que de darse la noticia, Joaquín Navarro Valls lo diría. Efectivamente, Navarro Valls dio la noticia, ¿saben cuando? Cuando hice un impase en mi seguimiento televisivo y fui a chequear el correo electrónico.

En medio de tanta invasión de medios que peleaban por dar la noticia, me perdí el momento exacto en que el partido terminó. Lo primero que recordé en ese momento fue el cuento del lobo y las ovejas; y lo segundo, que una vez más había perdido.

3 comentarios constructivos:

Anónimo dijo...

Excelente comentario. Es reconfortante ver como los medios hacen autocrítica.

Christian Ramírez dijo...

Buena la sugerencia de que la vida moderna se ha transformado en un deporte de alta competición, pero yo la habría dejado más explícita. Si no tuviera queclo que se trata de una coluna de deportes, cualquier persona la habría clasificado dentro de un comentario de actualidad. Lo que puede ser un problema.
Aparte de eso (que no es poco), se deja leer muy bien.

SAORI dijo...

Todos perdimos en ese partido. Pero también ganamos algo, y no un "trinufo moral", porque el mejor de los mejores nos está cuidando desde arriba.