jueves, marzo 17, 2005

"Ser Magioso Hoy" - Petit analité y una anécdota de César F. Lespiedo

Según algunos especialistas, las artes o ciencias del ocultismo nunca fueron tan ocultas como en los tiempos que corren. Tal vez uno de los más intrigados por esta premisa, fue el perito César Lespiedo, quien trata de cerca con estos enigmas casi a lo largo de todo su primer libro, “Ser Magioso Hoy”. Dicha obra tiene como punto de partida una cita de otra obra de su autoría “Ser Magioso en la Edad Media”. Pero ésta a su vez es una cita de “Soluciones complicadas a problemas simples” del gran historiador Jumjëm Müller. Como suele hacer y sin miedo a las críticas o a la ley de los derechos de autor, C. F. Lespiedo ha adoptado y criticado miles de fragmentos de otros coetáneos de mayor prestigio - e inteligencia -, considerándolos como propios. En sus primeras investigaciones sobre las cuales trata el presente artículo, se introduce en estos terrenos casi inexplorados de la magia, y afirma que si bien estas actividades de hechiceros y brujos han sido “celosamente guardadas y trasmitidas de generación en generación a un grupo reducido de oscuros clanes”, hoy no son más guardadas que antes, y agrega, “varias fórmulas mágicas y poderosos trucos han muerto con sus maestros” (CFL 1946).

En el segundo capítulo de su célebre libro “Ser magioso hoy” (triste alegoría de poca base epistemológica), enfatiza la idea de que el término magia deriva de una cultura indígena sudamericana (yendo en contra de los descubrimientos en Altamira), y no duda en hacer un desglose de la palabra de manera muy sintética. A continuación transcribiremos textualmente las palabras de C. Lespiedo:

“… El término magia ha de ser considerado un concepto que involucra muchos saberes, entre ellos, varios. La cuna de la magia reside en el imperio Maya, ¿o a caso es casualidad que se hayan denominado a sí mismos de esa manera?. Magia deriva de Maya, ma que significa mío, “y” (en su pronunciación de “i” latina gutural stacatto), y “a” que combinada con la “y” significa secreto (mi secreto)…”

En cuanto a lo que ud. estimado lector se ha de preguntar, la “g” solía ser un nexo hablado entre dos vocales, que sustituía la actual “h” de nuestro alfabeto y daba sentido al concepto. Tales deducciones infieren de las premisas básicas del éxito de esta civilización, tanto en obras de ingeniería como de arquitectura, el perfecto uso de las matemáticas, y por supuesto su aplicación en las artes menores. Todo tenía una armonía que iba más allá del hombre, “en esa época todo era fantástico y místico…” afirma.

Otro de los importantes pilares de los escritos del teórico, es la convicción absoluta sobre una desaparición inminente de tal cultura, en palabras de Lespiedo: “… hicieron floff… y nadie los vio más…”. Cierto fue que nadie dio crédito a lo que el erudito describía, por lo cual quien haya leído alguna de sus obras, no tardará en creerlas como“jamás vistas” y “ojalá nadie más las vea”. Gracias a estos preceptos y algunas publicaciones locales sobre su vida íntima, el filósofo español permaneció durante años en el más desgraciado anonimato.

A finales de 1969 el búlgaro Thomas R. Burthon en uno de sus viajes por el sur de Croacia (vaya ud. a saber qué era lo que le atraía), se encontró con una copia de “Ser magioso hoy” en el revistero del baño de un hotel de poca monta. Luego de leer las primeras páginas, decidió emprender la búsqueda exhaustiva del autor de semejante teoría. Por supuesto tratar de encontrar un escritor desprestigiado y abandonado, se tornaría una tarea difícil, pero no menos interesante. Cuando llegó a España, se alojó en la casa de la Duquesa Corteza de Salazar, y como era de esperar, tardó algunos meses en encontrar la imprenta donde se habían mandado a hacer las primeras copias del libro.

Su búsqueda concluyó en un pequeño pueblo a 700 kms. de Bilbao, donde pudo determinar inmediatamente con qué empezaba a lidiar; con el fracaso rotundo. Caminó durante horas hasta dar con el sitio. El lugar parecía un galpón de hortalizas y alimentos para ganado, pero curiosamente no había animal alguno en por lo menos un par de millas a la redonda. Empujó el portón y se introdujo al recinto con la ansiedad de un niño y su dulce. Para su sorpresa lo único que vio fue una máquina llena de polvo y telarañas que decía “Built in 1887, Made in China”. Mientras Burthon examinaba tal reliquia, un viejo de aspecto tosco apareció por detrás y sin dudarlo lo acuchilló tantas veces como pudo. Pronto se supo que tan solo era un loco suelto que se había fugado de un manicomio cercano. Ante tal desventurado suceso, la Duquesa de Salazar decidió terminar con la investigación ocultando todo el material hallado por Burthon en una de las bibliotecas secretas de su mansión. Seguramente no valía la pena seguir adelante con esto.

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